El proyecto forma parte de un conjunto de edificios culturales y comerciales que han servido para transformar al antiguo puerto de Barcelona en un nuevo espacio para el ocio en un marco incomparable situado frente a la fachada portuaria de la Barceloneta.
Se trata de un edificio cultural que responde a las exigencias singulares del lugar y a las necesidades de un programa altamente especializado.
El proyecto estrecha la relación entre espectador y objeto, para ello el recorrido se inicia de forma descendente, aumentando así la sensación de descenso al fondo del mar.
La pieza fundamental es el gran depósito circular de agua de mar, el “oceanarium”, en el que pueden vivir especies de gran tamaño. Su diámetro es de 40 m y el público participa del espectáculo del fondo del mar caminando por dos túneles de metacrilato con una longitud total de 105 m; uno de ellos recorre la periferia del “oceanarium” y el otro lo atraviesa por el centro.
La geometría contundente de los diversos acuarios genera un recorrido zigzagueante a través de los diferentes ecosistemas.
























