El proyecto nace del análisis del lugar y se plantea desde el punto de vista del usuario y para mejorar el entorno.
El edificio se proyecta como un gran volumen que se recorta, como el perfil de la costa en esta zona del puerto, para generar patios interiores controlados visualmente y aislados del entorno. Se obtiene de esta forma un lugar donde el usuario se siente agusto, protegido del ruido y de la visión del tráfico.
Estos cortes se han dispuesto estratégicamente de tal manera que permite dividir el edificio en las tres partes que componen el proyecto: la Policía Portuaria, el Archivo general del puerto de Barcelona y las oficinas, talleres y almacenes del departamento de Conservación. Pese a tratarse de programas tan diferentes, el edificio se plantea de forma unitaria, entendiendo el conjunto como un único edificio.









