Centro comercial illa Carlemany

Se trata de un edificio de gran tamaño, sumamente complejo en su programa que puede clasificarse como “de gran escala” con respecto a lo construido en el país.

El concepto arquitectónico de gran escala introduce, por un lado, el establecer, o no, una relación volumétrica con el entorno (a pesar de lo que concretamente permiten las ordenanzas) y, por otro, un supuesto concepto de contenedor al que obliga la multiplicidad de usos del programa: centro comercial, multicines, oficinas y apartamentos.  

El solar esta situado en la zona de ensanche de Andorra la Vella y es una “quasi” manzana cuya planta es asimilable a un rectángulo con las esquinas redondeadas.

La fachada principal se abre a la Avenida Carlemany y es desde el trazado de esta avenida y de las visiones tangenciales que se generan, que se decidió segmentar la sección del edificio mediante un plano horizontal (en realidad una gran marquesina que recorre todo el perímetro) que permite entender el centro comercial como la pieza fundamental del edificio. De esta manera, la volumetría permitida por las ordenanzas se desdobla y permite asimilar el centro comercial al continuo urbano.

Se trata de una estrategia de proyecto que, a pesar de la singularidad que en sí mismo debía asumir el conjunto del edificio, ha permitido realizar una arquitectura que asegura una óptima relación con la ciudad.

En aras de garantizar una importante consistencia volumétrica se pensó en utilizar, sobre un zócalo transparente que permitiese entender la permeabilidad del volumen hacia el interior, un único material como revestimiento de las fachadas. El material utilizado, por su textura y color, responde a que el edificio se presente en el contexto urbano con la dignidad que el lugar reclama; así, las láminas de cobre en su tonalidad azul-verdosa propio de la oxidación natural alcanza mayor singularidad y dignidad por la pátina que se producirá a lo largo del tiempo.

El revestimiento de cobre se presenta al viandante como una cinta con diferentes episodios: huecos rasgados, huecos introvertidos, plegados, perforaciones, líneas quebradas, elementos de información etc., generando así una visión tangencial rica y variada.   

Tanto desde la gestión como de la arquitectura se partió de una idea básica: a La Illa Carlemany debía ser un lugar de encuentro de todos los ciudadanos y no un complejo autónomo.

Es desde este punto de vista que la planta baja, el zócalo del edificio, ha sido diseñado transparente con múltiples accesos hacia el interior del centro comercial.

El interior del centro se ha diseñado como si se tratase de un espacio exterior en el que la luz juega un papel primordial.

Los diferentes locales se han dispuesto alrededor de un único gran patio cubierto en el que la visión cruzada desde la planta baja a las diversas plantas permite su fácil identificación.

Se trata de que el visitante pasee; pasee por unas galerías elegantes y plenamente iluminadas. Para ello se tuvieron muy en cuenta las proporciones de cada uno de los diversos espacios: la planta baja, las galerías o pasos y los espacios abiertos en las plantas altas.

Para conseguir una iluminación natural adecuada en todo este gran espació se dispuso una trama de grandes elementos verticales que se cruzan a la altura de la planta tercera. Los rayos solares se reflejan mayoritariamente en esos altos elementos verticales lo que produce una gran luminosidad en el patio incluso en los días nublados.

El confort lumínico y térmico, la elegancia del diseño de las fachadas interiores y del conjunto del patio invita a que la Illa Carlemany sea un lugar d encuentro de Andorra la Vella.